La práctica de la enseñanza en la escuela chilena, tanto en la Educación Básica como Media, se ha ejecutado desde sus inicios dentro de la homogenización de los estudiantes sin tomar en cuenta la necesidad de acoger la multiculturalidad existente en la sociedad chilena.
Este fenómeno comienza –originalmente- dentro de la sala de clases, en donde participan dos de los roles más importantes en el escenario educativo: el profesor o profesora y los estudiantes.
La escuela formal que existe hoy en día construye parámetros definidos para la ejecución de los roles de estudiante y profesor o profesora, de manera tal que todos entendemos que los educandos están insertos en una institución formativa cognitiva y formativa actitudinal, en donde están presentes contenidos ideológicos y axiológicos, que corresponden a ciertos énfasis implícitos insertos en la educación, los cuales corresponden a ámbitos emocionales y sentimentales, que también se construyen dentro de ella.
Como miembros de una población humana multicultural, sabemos incorregiblemente que somos dueños de una gran variedad de cosmovisiones e idiosincrasias diversas, las cuales hemos heredado de un importante número de culturas étnicas presentes en nuestro país. Ya –como habitantes de este planeta- estamos siempre sometidos a numerosas representaciones culturales que observamos a través de los medios de comunicación masiva, que ya no tienen límites nacionales y, en un término más acotado, somos suramericanos y llevamos en nuestra historia una colonización que marcó nuestra idiosincrasia de manera que llevamos una mezcla híbrida de patrones y significaciones acerca del qué de nuestra existencia y del cómo nos relacionamos entre pobladores, compañeros, familiares, etc. Chile, más detalladamente, cuenta con la presencia de numerosas y variadas culturas étnicas, las cuales se encuentran constantemente tratando de defender su manera de ser y sus necesidades dentro de este gobierno con el motivo de no sucumbir ante la homogeneidad.
Y la educación, que es nuestro marco de investigación, es una práctica formal y un derecho de los niños y niñas de este país, por lo tanto, un deber de sus padres y madres inspeccionado por el SENAME, en la medida en la que sea dado obligatoriamente. Por lo tanto, nos encontramos con la Escuela, como institución social responsable de impartir educación, y en ella un estudiantado múltiple representativo de todo este fenómeno que intentamos retratar anteriormente, un estudiantado multicultural.
Al afirmar la multiculturalidad, asumimos que hay un proceso que no se ha terminado, el cual trata de llevar esta ‘multiculturalidad dentro del aula’ a una interculturalidad, en donde el sentido de ‘colonialidad’, que supone la práctica de imponer una visión sobre otra a través del poder, sea cambiado por un sentido de complementación e integración.
En conclusión, nuestra problemática se define como la falta de sensibilidad ante una realidad actual e histórica: existe una confrontación entre cultura identitaria y cultura académica, en la forma en la que la unificación formal académica que desarrollan la institución, encargada de mediar la práctica de la educación; se impone por sobre los estudiantes, quienes son parte de una sociedad multicultural. Además, nuestro trabajo parte de buscar la manera de asumir que la ‘calidad’ de la educación se escapa por el hecho de que no se está dando acogimiento a la diversidad de culturas, ya que ellas coexisten, pero no se interrelacionan unas con otras, pese a que están reunidas en el hecho puntual de la práctica de la educación. Po ello, planteamos la ausencia de interculturalidad, ya que lo que existe actualmente es multiculturalidad, pero no desarrollarla dentro de los enfoques y mallas curriculares dentro de la educación, hacen que no exista punto de comunicación entre el individuo (perteneciente a una etnia específica o que no pertenezca, pero sea observador de una o más de ellas dentro de Chile) y los marcos de nuestra enseñanza escolar.
Podemos utilizar como ejemplo, el episodio que nos motivó al trabajo en esta investigación:
Situación que relata a un profesor hablando sobre el largo que debe tener el cabello a un grupo de personas en donde se encuentra un estudiante rapanui, quien conlleva una fuerte presencia de elementos que marcan su interioridad, las cuales corresponden a su cultura, la que considera –en este caso puntual- que la fuerza, las vivencias, los estados que ha vivido y su vitalidad están presentes de modo representativo en el cabello de los hijos primogénitos, el cual no cortan desde que nacen. De este modo, este estudiante presencia una destrucción de su “idea de”, ya que lo que reserva a modo de religiosidad. Esta idea se enfrenta con los parámetros que –como colonizados- tenemos del cabello, es decir, lo usamos corto en los hombres y son las mujeres quienes pueden llevarlo largo, pero siempre atado dentro de un establecimiento escolar. Hecho que resulta en un sentido de rechazo final de parte del estudiante hacia lo que es la educación, definición que se ha degenerado por aspectos morales del profesor en cuestión y que determinará una ausencia de calidad en el aprendizaje de este niño, ya que no tiene oportunidad de significar su identidad sobre los contenidos que se propone aprender, ya que estos no son integrados sino que participan sobre el sentido de colonialidad, que supone imponer la manera académica de existir dentro de la escuela ante la manera y en contenido profundo que desarrollan el qué de la existencia dentro de una cosmovisión indígena.
Por consiguiente, el caso que ejemplificamos es representativo de nuestra problemática, ya que observamos que se somete a un sujeto a aceptar los paradigmas que el profesor conserva de un elemento en particular y el estudiante rapanui, inserto en una realidad distinta y desconcertante, no interrogará este paradigma sino que inmediatamente lo trata de internalizar por más desnaturalizado que le resulte para no sufrir las consecuencias de una “no aceptación”: una crisis que lo antagonice frente al resto de sus compañeros, de quienes tampoco ve empatía. Por otro lado, observamos que el estudiante que sí defienda su cultura identitaria y someta a discusión la imposición de la que sufre, es inmediatamente discriminado con el fundamento de una cultura académica que pretende unificarnos en una masa que no recoge nuestra diversidad natural/étnica, como lo hemos visto y presenciado desde la lucha de la cultura mapuche en oposición ante la homogenización de sus costumbres y sentidos.
Por esto queremos desarrollar el tema de la “cultura académica v/s cultura identitaria”, ya que este fenómeno educativo se da en un ambiente de deshumanización, en donde los roles que están participando subyacen a esta obligatoriedad que trasciende a los valores, sentimientos y emociones de las personas, enfrentamiento que se da sobre la base de la constitución de un sujeto al que se le inserta en una institución que –pareciera- estuviera cegada ante la interculturalidad en la que participamos día a día, en la que somos día a día y momento a momento.
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